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sábado, 16 de octubre de 2010

La Izquierda Moderna del señor Belaunzarán

Espulgando el nuevo artículo, “Izquierda Moderna” del señor Fernando Belaunzarán (reconocido militante perredista aliado de Nueva Izquierda que funge como Consejero Nacional del PRD) y más allá de sus conocidos recursos retóricos para confundir el fondo con la forma, hemos de señalar lo fundamental de dicho escrito:

En la primera parte de su artículo el señor Belaunzarán intenta engancharnos con una idea, la necesidad de redefinir a la izquierda, de adecuarla a las necesidades políticas y sociales del siglo XXI. Lo fundamental de este primer párrafo es que ubica una necesidad real para quienes se han propuesto transformar a México desde la izquierda.

Sin embargo, su intento por fundamentar el concepto de “izquierda moderna” a partir de una lectura crítica de la historia del estalinismo y del llamado “socialismo real” denotan los limites de su supuesta crítica. En primer lugar por que el término “izquierda moderna” carece de sentido teórico. La izquierda es de suyo un fenómeno político propio de la modernidad, es la expresión política de una posición que surge con la modernidad misma, en el seno de las luchas por la dirección del proceso revolucionario francés simbólicamente representado en la toma de la Bastilla en 1789. De entonces para acá se le ha denominado izquierda a los sectores y grupos identificados con esa posición política particular que defiende la incorporación de los productores -organizados políticamente- en el diseño y dirección de la vida social. En resumen la izquierda es un fenómeno político que surge con la modernidad, que incluso se le opone para exigirle que cumpla con sus promesas -igualdad, libertad, fraternidad, justicia, etc.- y que llega a cobrar muchas formas y expresiones, muchas tácticas y vías, inclusive opuestas entre sí, como sugiere Adolfo Gilly:

“Defino como izquierda a las corrientes de ideas (y sus respectivas formas organizativas: partidos, movimientos o tendencias) que proponen una reorganización socialista —es decir, no fundada en el capital, la ganancia, la propiedad privada y la expansión de la acumulación capitalista sino en el trabajo, la solidaridad, la propiedad colectiva y la planificación económica— de la sociedad. Dentro de esta amplia definición caben diferentes vías, métodos, plazos y programas —a veces muy distintos y hasta antagónicos entre sí— para alcanzar dicho objetivo.” Adolfo Gilly, Nuestra caída en la modernidad, Joan Boldó i Climent, México, 1988, pp. 132-133.

Pero el señor Belaunzarán es un político que estudia teoría, no un teórico que hace política por lo tanto podemos aceptar que no sepa utilizar con precisión conceptos de la teoría critica. Para ser condescendientes con Belaunzarán podemos suponer que utiliza el término “moderno” como sinónimo de “nuevo” (naturalmente el autodenominado “hereje” se cuida de no utilizar el concepto “izquierda nueva” pues intenta convencernos de que hace una reflexión y no un mero posicionamiento de su corriente afín). La izquierda “tradicional” o “vieja” sería aquella que se llegó a identificar con la URSS y sus satélites, con la revolución cubana, las guerrillas latinoamericanas, el marxismo-leninismo; en cambio la izquierda “moderna” o “nueva” sería aquella que surgiría del fracaso de la primera, de la reflexión autocritica al autoritarismo, sectarismo y dogmatismo de los viejos comunistas y revolucionarios. Así reflexiona el señor Belaunzarán, haciendo evidente su limitado conocimiento de la historia de la izquierda, dejando de lado cientos de expresiones distintas que convivieron incluso ya en la “era soviética” y que se opusieron a los autoritarismos de dichas izquierdas. Es decir, Belaunzarán desconoce que la crítica más fuerte contra la era soviética surgió en esa misma era y se siguió desarrollando después de la caída del Muro con aportaciones críticas desde la psicología (Reich, Fromm,), la filosofía (Marcuse, Sartre, Sánchez Vázquez) el anarquismo, el feminismo, el ecologismo, la lucha por la diversidad, etc. El debate actual de esta crítica radica en como lograr articular la gran diversidad humana sin detrimento de sus distintas expresiones, como poder articular lo tradicional con lo moderno, como alcanzar una modernidad que no subsuma los localismos comunitarios. Si fuéramos ingenuos pensaríamos que es a este debate al que quiere anclar su reflexión el señor Belaunzarán. Pero afortunadamente no lo somos.

El texto de nuestro “hereje” aparenta ser una reflexión pero en realidad es una estratagema para mostrar a Andrés Manuel López Obrador como algo que en verdad no es. Pero sigámosle un poco más el juego al blogero moderno. Después de clasificar a la izquierda en dos bloques (la moderna o nueva y la tradicional o vieja) Belaunzarán avanza señalando las principales contradicciones de la izquierda que critica: no hay congruencia entre los medios y los fines, es autoritaria, estatista y burocrática, se asienta en la fuerza militar, atenta contra las libertades ciudadanas, contra la libertad y la democracia. Posteriormente intenta postular el fundamento de la izquierda que defiende oponiéndola a la “vieja” o “tradicional”. Incluso intenta caracterizarla, por ejemplo dice, que bajo la nueva izquierda (o izquierda moderna) cabría algo que se llama “propiedad social” (sólo que se olvida definir que entiende por ella, o no le interesa pues, repito, su intención no es reflexionar, sino disfrazar una posición política predeterminada).

Después de este compendio de criticas a la izquierda soviética intenta homologar la figura de López Obrador con la de los dirigentes políticos de la era soviética, y para que el argumento no se vea tan forzado, homologa primero el estatismo soviético con los estatismos nacionalistas “dirigidos por caudillos” (por cierto que hasta aquí no se nota diferencia alguna entre la visión de Krauze, Camín y Castañeda con la del supuesto “hereje”).

Por supuesto no puede dejar de reivindicar la característica principal de los defensores de este tipo de izquierda, un realismo pragmático que fundamentalmente se resume así: la era de la revolución socialista terminó en un gran fracaso; es imposible volvernos a plantear metas tan utópicas como aquellas; hay que reconocer que no podemos hacer mucho en este medio; por lo tanto vamos a pelear por reformas moderadas e ir creciendo poco a poco.

Pues bien ¿acaso Nueva izquierda, la dirigencia del PRD cumple al menos con las características básicas para aparecer como una izquierda moderada, según la entiende el señor Belaunzarán? Ni siquiera aspira a ello. Belaunzarán pretende engañar abiertamente a sus lectores al tratar de ocultar el colaboracionismo de la dirigencia perredista con bajo el argumento de que se trata de una izquierda moderada. Como no puede se vuelve a concentrar en la crítica al obradorismo.

Como paso previo para terminar de cerrar su trampa argumental, el señor Belaunzarán señala una serie de demandas programáticas por las que debería velar su “nueva izquierda”, por ejemplo: inclusión de minorías, promover las libertades civiles y etc. Vamos a citarlo:

“La izquierda moderna se reencuentra con su pasado remoto al reivindicar la libertad y luchar por profundizarla y hacerla realidad para todos los seres humanos. En ese sentido entiende que hay condiciones materiales y culturales que deben extenderse al conjunto de la población para que sus miembros tengan opciones y puedan considerarse libres.”

Le pregunto a Belaunzarán ¿Acaso la dirigencia nacional del PRD se ha propuesto tales reivindicaciones? ¿No cerraron filas los senadores perredistas dirigidos por Jésus Ortga contra la iniciativa de derechos indígenas en 2001, aún cuando el neo-zapatismo marchó desde Chiapas hasta el DF para exigir dicha ley?

El último giro argumental es la lapidación de AMLO al señalarlo como representante de la vieja izquierda, como caudillo autoritario, como izquierdista radical incapaz de incorporar a su programa las demandas de los sectores más pudientes y poderosos, por tanto como portador de un proyecto inviable. Belaunzarán quiere hacernos creer que AMLO es un comunista trasnochado, su argumento es tan falso que se cae solito. Así termina su trampa ¿Quién pude caer en ella?

Sólo quien desconozca las características de los actores políticos de México podría tomarse esta copa. En realidad la comparación de AMLO con la vieja izquierda carece de fundamento. En principio porque AMLO no es un revolucionario (otra cosa es que con su práctica política aparezca a los ojos de la generalidad de los políticos como una amenaza). De hecho es más bien un político reformista de corte liberal, que viene de abajo. Si hay una izquierda que pueda ser vista como sensata aún cuando es reformista –o precisamente por ello- es la de AMLO. Su estrategia es justamente la que dicen enarbolar los promotores de la izquierda “moderna”, pelear por conseguir reformas sociales moderadas (su programa político apenas se distingue del programa democrático liberal del General Henríquez en los 50´s, quien también fue victima de un fraude electoral, de la represión policiaca y de todo tipo de denuestos similares a las que el pretendido “hereje” utiliza contra AMLO). La diferencia es que Andrés Manuel obtiene su fuerza de la movilización popular, de la gente organizada. En realidad Obrador nunca ha roto con la clase empresarial, solamente con algunas familias y grupos abiertamente reaccionarios, por ejemplo quienes financiaron el fraude en 2006, quienes apoyaron el Fobaproa con Zedillo, en suma, quienes son responsables directos de la catástrofe del país. Te pregunto a ti Raúl, tú que tanto defiendes al señor Belaunzarán y te atreves a llamar “borregos” a quienes no piensan como tú ¿Por izquierda moderna debemos entender una izquierda que nos sea capaz de señalar a los autores materiales e intelectuales de la debacle nacional? ¿Ser moderno significa convalidar el engaño, el robo, los negocios turbios a la sombra del poder sólo para mantener la imagen de no violentos y poder asegurarse un lugar en las pantallas de la televisión nacional? ¿Qué contestas?

Obrador tampoco se ha negado a la inversión privada -incluso extranjera-, sólo propone desarrollar la producción interna para favorecer nuestra independencia económica. AMLO tampoco puede ser identificado con los políticos que promueven el culto a la personalidad de su figura. La figura de AMLO no la promueve él, sino la gente que proyecta en él (con o sin razón) la esperanza de un cambio profundo. De hecho ni siquiera tiene un blog personal con su mejor foto como si lo tiene el señor Belaunzarán. Dicho sea de paso, quienes conocimos a Belaunzarán en 1999 sabemos que es un sujeto tan temperamental que es capaz de terminar una discusión a golpes y mordidas, por eso sostenemos la hipótesis de que el autoritarismo que el susodicho “hereje” achaca a AMLO no es más que la proyección de su propia estructura autoritaria en la figura de Andrés (una proyección muy conveniente para la derecha por cierto).

Por otro lado, respecto a la admiración que Belaunzarán refiere por los políticos como Lula, hay que decir que López Obrador y su movimiento se acompasan más con todos los procesos políticos innovadores de América Latina que cualquier otro proyecto político nacional ( en todo caso nosotros esperaríamos que si Obrador llega al poder algún día sea para ir más lejos que lo que fue Lula). Su movimiento no sólo esta dotando de estructura a la gente que lo integra sino que además sostiene una vida política activa que va desde las bases hasta la dirigencia, no hay comité de base obradorista que no asuma la discusión del futuro del país como un asunto que les compete y con el que están comprometidos. De esta forma el movimiento obradorista esta promoviendo en los hechos, más allá de la retórica bonita y de escritorio, las libertades democráticas más básicas: la de la participación política directa por ejemplo; el obradorismo está construyendo ciudadanía en todo el territorio nacional. En ese sentido el obradorismo hace mucho más por fortalecer a las izquierdas que muchos otros actores que se asumen como tales. Ante ello las palabras de Belaunzarán se develan como pura demagogia ¿Qué ha hecho su partido para promover la formación política de sus bases? ¿Qué hizo el señor Belaunzarán como Secretario de Formación Política del Comité Ejecutivo Nacional del PRD sino promoverse como Consejero Nacional? Y ¿Qué hace ahora como consejero nacional del PRD sino seguir minando las bases de una izquierda auténtica y comprometida como lo ha venido haciendo desde que era estudiante? ¿Puede usted rebatir, señor Belaunzarán, que la militancia perredista más consciente, activa y comprometida es la obradorista? No puede. No puede a condición de revelarse como un mentiroso.

El verdadero fondo de las “reflexiones” de Belaunzarán es su molestia por la posición de López Obrador respecto a las alianzas entre el PRD y el PAN para las elecciones en el Estado de México de 2011. No entiendo por que no puedes abrir el debate directo ahorrándote la retorica y las proyecciones. La preocupación real del señor Belaunzarán es que si no se lleva a cabo la alianza que la dirigencia de su partido propone se corre el riesgo de no ganar el Estado de México, gobernado actualmente por el PRI, bastión fundamental de Peña Nieto para las presidenciales de 2012. Pese a que Belaunzarán no sabe –o no quiere- hablar directo y se pierde en sus propias imaginerías yo sostengo que ésta es una preocupación legítima. Es un asunto que también genera discusión dentro de las propias filas del obradorismo.

Mi posición es que efectivamente una alianza entre PAN y PRD podría ganarle la elección al PRI. En principio porque aliarse con el PAN significa recibir el apoyo del gobierno federal de Felipe Calderón. A eso le apuesta la dirigencia perredista, al respaldo de Calderón, pues el PAN es un partido sin presencia política en Edo Mex. Sin embargo el costo de dicho triunfo salta a la vista: es una alianza que se basaría en un interés político utilitario (debilitar al PRI rumbo a 2012) no en un afán real de democratizar realmente al Estado de México. Para democratizar al Edo Mex habría que ir directo con la gente, organizar comités vecinales para debatir los problemas locales, generar una nueva cultura política basada en la responsabilidad, la conciencia y el deber cívico, justo lo que esta haciendo el movimiento nacional obradorista. En la alianza que defiende el sediciente “hereje” la izquierda queda subordinada a la fuerza real de la derecha (el gobierno federal), que por cierto aún no acaba de pactar la transición con el PRI en 2012 y que es posible que intente quedarse por la fuerza en el poder apoyándose en su Ejercito Negro ¿Esta usted dispuesto señor Belaunzarán a ser cómplice de ello? ¡Ese es el autoritarismo que debería preocupar al perredismo! Por cierto aquí quiero abrir un paréntesis para señalar el desempeño de la nueva izquierda (o “moderna”) del Estado de México, que no sólo no ha podido revertir el control corporativo priista, sino que lo ha integrado a sus modos de operar e incluso ha llegado a negociar la representación ciudadana, como ocurrió recientemente cuando el PRD de Luis Sánchez cedió el poder al PRI en el municipio de Nezahualcoyotl.

Volviendo al punto. Nosotros afirmamos que el movimiento obradorista ha consolidado su presencia en la arena política nacional porque no se desarraiga de los sectores populares a los que representa. Mas aún, a diferencia de lo que ocurre con las bases perredistas, las bases obradoristas si se sienten representadas –no utilizadas- en el obradorismo. El partido obradorista no esta cerrado a negociar, a conciliar, ni a dialogar con nadie pero tiene claro los intereses que representa e intenta ser consecuente –no sin errores ni contradicciones- con ellos. El posicionamiento de Andrés Manuel frente a las alianzas obliga a toda la izquierda –no sólo a la electoral- a tomar definiciones y a mostrar cuales son sus verdaderos intereses y afinidades. Para todos es bien claro el papel que la dirigencia nacional del PRD esta jugando en la batalla por México. Por más que el señor Belaunzarán quiera disfrazar de izquierda “moderna” al colaboracionismo perredista no pueden negar que ya tienen diseñada una estrategia y que sólo aguardan el momento idóneo para soltar el haz bajo la manga. Nuestro sediciente hereje(jejeje perdón, me gana la risa) es, en verdad, un ávido impulsor de la candidatura presidencial del priista Ramón de la Fuente –quien estuvo a cargo de la Secretaria de Salud en el sexenio de Zedillo y después orquestó como rector de la UNAM la represión contra el radicalizado CGH en febrero del 2000 y las políticas privatizadoras contra las que se levantó el estudiantado en el 99-. Por eso Belaunzarán defiende la alianza electoral entre PAN y PRD en Edo Mex, pues es el antecedente necesario para montar a su gallo en la elección federal de 2012. Tal vez entonces dé el siguiente salto, de Consejero perredista a…

sábado, 6 de marzo de 2010

Evo Morales en México ¿aliento de vida para la unidad de las izquierdas?


Su poder radica en nuestras fallas. A la falta de propuestas alternativas nuestras, ellos ofrecen la continuidad de la pesadilla.

Subcomandante Insurgente Marcos

I. Antecedentes

La última vez que Evo Morales vino a la ciudad de México lo hizo en calidad de dirigente cocalero. En el aula magna de la facultad de filosofía y letras de la UNAM lo recibió una multitud de universitarios y activistas que reconocían la trayectoria política del humilde campesino aymara. En ese entonces y durante todo 2005 en algunas regiones del país se venía gestando un proceso de acercamiento y comunicación entre diversos agentes de un multifacético movimiento que de forma casi natural iba dando cuerpo y contenido a un sinnúmero de redes de todos tamaños para las que ya era claro que las promesas del sexenio foxista eran sólo eso. En la ciudad de México, por ejemplo, comunas y ocupaciones estudiantiles, colectivos de teatreros y músicos, cooperativas civiles, asociaciones vecinales, grupos ambientalistas e incluso grupos católicos comenzaban a reconocerse -a pesar de sus distingos- como actores diferenciados de una misma tendencia social, aunque difusa, que pugnaba por alcanzar el bienestar integral de los habitantes citadinos. En 2006 esta difusa tendencia alcanzó su clímax con el lanzamiento de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN y con la postulación de Andrés Manuel López Obrador como candidato presidencial después de haber superado, gracias al respaldo popular, las pretensiones foxianas de inhabilitarlo mediante su desafuero. Comenzaban a delinearse dos bloques complementarios que aglutinaban las simpatías generales de “la izquierda” mexicana. La unidad parecía más que viable.

Sin embargo la escalada represiva que el foxismo desató durante 2006 frustró violentamente el desarrollo natural de la unidad entre estas fuerzas políticas y sociales. Aunado a ello, el pragmatismo de unos y el sectarismo de otros acabó por desinflar dicho proceso. La brutalidad del estado contra movimientos como el de San Salvador Atenco o como el de Oaxaca, lejos de llevar a las izquierdas a alcanzar la sensatez, las hundió en la desconfianza, el miedo y la confrontación. Como resultado la derecha logró sostenerse y afianzarse en el poder.

Por su parte, y a muchos kilómetros de distancia, aquel dirigente aymara alcanzó, impulsado por su pueblo, la investidura de jefe de estado de la hoy llamada República Plurinacional de Bolivia. Todo aquello sucedió hace apenas cuatro años. Desde entonces han pasado muchas cosas.

Por eso la presencia de Evo el domingo pasado en el jardín hidalgo de la delegación Coyoacán, D.F., generó un revuelo inusitado en amplias redes sociales, intelectuales y políticas.

II. Evo en coyoacán

Como era de esperarse el centro de coyoacán se encontraba a tope, pues en él se dieron cita cientos de simpatizantes del proceso revolucionario que se desató en la Paz durante las jornadas de septiembre a octubre de 2003 y que, en diciembre de 2005 logró colocar en la presidencia de Bolivia (la segunda nación más pobre del continente sólo después de Haití) a este luchador social de extracción indígena. A pesar del sol y de las molestas rejas que bordeaban los jardines, a pesar de que prácticamente era imposible mirar a Evo, la gente esperó paciente su llegada, y ya presente, escuchó emocionada su intervención que duró poco más de media hora. Hondeaban felices las wipalas, banderas multicolores características de la nación aymara que representan la unión armónica de la diversidad cultural, o parafraseando una expresión marxista, la unidad de lo diverso.

Por primera vez desde 2005 convivieron pacíficamente en un ambiente festivo activistas, militantes y simpatizantes de diversas expresiones políticas que se autonombran izquierda. Evo logró lo que ni el golpe al SME ha conseguido: aminorar la tensión entre dos grandes bloques políticos que se miran con recelo a pesar de ser de izquierda. Curiosa imagen hacían los jóvenes prozapatistas de la ENAH al lado de adultos militantes del PT que agitaban banderolas con las siglas de su partido: todos querían escuchar a Evo ¿Qué tipo de efecto mágico (psicológico) ha hecho posible esta hazaña? ¿Quizá el hecho de que en el proceso boliviano se sintetizan las expectativas políticas tanto de la izquierda electoral (llamada también institucional o parlamentaria), como las de la otra izquierda que se piensa radical, rebelde o revolucionaria? Si es así, tal vez los primeros proyecten en dicho proceso (del que Evo se ha tornado símbolo) el anhelo de hacerse del poder ejecutivo en 2012, mientras los segundos ven más bien el reflejo de sus míticas creencias en un supuesto estallido que habría de ocurrir en algún momento de este 2010.

Pero ¿De que habló Evo Morales? ¿Qué ha venido a decirnos?

Primero que nada vino a refrendar su compromiso con los pueblos indios de Latinoamérica. Ese compromiso fue adquirido en las reuniones celebradas con motivo del V centenario. Al respecto señaló que “Desde que en Quetzaltenango, Guatemala ¿Qué dijimos? pasar de la resistencia a la toma del poder [… ] del 91 al 95 tardamos para organizarnos y pasar de la lucha social a la electoral, para recuperar el poder político”. Pese a las dificultadas que entrañaba realizar esa estrategia (pasar de la resistencia a la conquista política del poder) el movimiento consiguió hacerse del poder y hoy enfrenta nuevos retos, tales como el intervencionismo norteamericano y el feroz racismo de la minoría blanca, que como platea Adolfo Gilly, es la única propiedad que separa a los blancos pobres de los indios.

En segundo lugar habló sobre el proceso de aprendizaje en la práctica política “ustedes saben de donde vengo -dijo-, yo no conozco la universidad; cuando inicie en el movimiento me asustaba, era como un empleado para los cocaleros en la reunión”. Sin embargo esa condición no es impedimento para gobernar bien, pues en este proceso todos están aprendiendo a manejar el aparato de gobierno en función del interés colectivo. También se refirió al papel de las mujeres en este proceso de auto-aprendizaje colectivo, en el cual sobresale su compañera Hilda Copa, actual ministra de Justicia. Al respecto el gobierno de Morales se ha preocupado por buscar la equidad de género, consiguiendo una representación proporcional del 50% de hombres y mujeres.

En tercer lugar vino a abonar los ánimos de los que él denomino “revolucionarios mexicanos”, a quienes saludó y pidió que no pierdan la paciencia. Habló de la necesidad de no dejar “la otra lucha, la que es por la dignidad y la soberanía” y señaló que esa lucha requiere de “la alianza de los originarios milenarios con los originarios contemporáneos” , de la necesidad de la unidad del “movimiento comunal, sindical y popular”, aunque advirtió que “ello no es suficiente” para derrotar a las oligarquías. Es necesario, dijo, unirse con “la llamada clase media, los intelectuales. Que se sumen a este proceso” de defender la “soberanía, recursos naturales y servicios públicos”. Advirtió también sobre el riesgo de hacer alianzas con fuerzas políticas que han traicionado las causas populares por inmediatez y pragmatismo, así como de la importancia de saber reconocer a los “enemigos tanto internos como externos”.

Finalmente señaló la necesidad de construir organismos internacionales que defiendan los intereses de la región geopolítica y geoeconómica de América Latina, para hacer frente a la hegemonía norteamericana. Al respecto declaró “Latinoamérica necesita de una nueva OEA sin Estados Unidos” y ello “dependerá de los jefes de estado y de los pueblos que controlen a sus jefes de estado”. Este nuevo organismo regional, por cierto, se ha acordado en la reciente cumbre del Grupo del Rio en Cancún.

Antes de marcharse aseguró que México “pronto se liberará”. Las ovaciones fueron generalizadas.

III. Conclusiones

Evo habló como un luchador social más que como un jefe de estado. Pero quizá por eso su discurso fue aplaudido con exaltación en la pequeña plazuela delegacional. Aunque en pleno sentido con los procesos sociales que se viven en América Latina, el discurso de Evo constituye un desafío a la lógica de las izquierdas mexicanas, pues si bien es cierto que refleja sus anhelos, al mismo tiempo incomoda con sus implícitas críticas al sectarismo y al pragmatismo al que están acostumbradas.

¿Es posible entender la lógica de un movimiento que es a la vez revolucionario y pro-electoral partiendo de un pensamiento que no admite, por una u otra razón, la posibilidad de esa unidad? No lo creo. Pero, más allá de la discusión académica:

¿Podrán aún tender puentes de comunicación y trabajo las izquierdas parlamentaria y radical, al menos para frenar la actual descomposición social del calderonismo?, ¿Esperamos que esa descomposición devenga en lucha social por vía de algún sortilegio?, ¿No hay nada que rescatar de la lucha electoral?, ¿No a quedado en verdad nada del otrora masivo movimiento de resistencia civil obradorista?, ¿Se han cerrado ya todas las vías pacificas para cambiar el rumbo?

¿En donde estamos parados? A mi parecer en un lugar indefinido donde aún no se extingue la potencia de la lucha reformista ni se alcanza el descontento para llegar a la anhelada violencia revolucionaria (cosa que por lo demás no garantiza nada en sí misma) ¿Cuál es el papel entonces de la izquierda radical sino desarrollar la capacidad de lucha de los movimientos llamados reformistas?

Un guerrillero sureño muy admirado por Evo -al que incluso hizo alusión públicamente en su toma de protesta como presidente- escribía hace ya unos años:

“La izquierda partidaria ha obtenido no pocos, ni pequeños logros en la lucha electoral. Gente grande, de veras grande se encuentra y lucha dentro de todo el espectro en que, a su vez, se divide la izquierda mexicana. Dentro de cualquier parte, estos hombres y mujeres son parte de esa otra izquierda que lucha siempre, con
o sin elecciones, en ellas o a pesar de ellas [.] El reconocimiento de las diferencias, de la riqueza de luchas distintas, no es para competir o apropiarse de ellas, sino para multiplicar sumando…”

Evo siguió estas lecciones y hoy gobierna con su pueblo. La wipala en la nación andina hoy refleja algo más que diversidad cultural: refleja diversidad política. Que alguien me recuerde el nombre del personaje que escribió las líneas ya citadas. Que alguien se lo recuerde a él y a sus seguidores.

Luis Eduardo Sánchez Toscano



Referencias bibliográficas:

Bolivia, una Revolución del siglo XXI, Adolfo Gilly, 10-04-04, www.vientosur.info
El concepto del otro en la liberación latinoamericana, Eugene Gogol, Casa Juan Pablos, México, 2008.
La ruptura que viene, Porfirio Muñoz Ledo, Grijalbo, México, 2007.